Con los años, uno va conociéndose. Sé, por ejemplo, que no me gusta hacer daño. Sé que soy una persona prudente. Pero también sé que llega un día en que me digo: «A tomar por culo», y la prudencia y los remilgos desaparecen, y soy lo que no quiero ser.
Qué se le va a hacer...
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