Mientras desayuno

Pensamientos que me vienen mientras devoro las magdalenas del desayuno

lunes, junio 07, 2021

Aprendiendo

 Estoy intentando aprender a dibujar. No sé por qué: quizás para superar una frustración de la infancia, cuando llenaba libretas con pequeños dibujos de armas. Ya entonces veía que eran horribles.

Llevo ya un mes siguiendo las instrucciones de Drawabox y no veo mejora: mis líneas siguen sin ser rectas, no acaban ni empiezan donde deben y la perspectiva está totalmente deformada... Eso me hace dudar si tengo alguna posibilidad de mejorar.

Cuando buscas por Internet, siempre recibes el mismo mensaje: cualquier cosa es una habilidad que se puede aprender, el talento no son más que horas de práctica, práctica bien enfocada. Por supuesto, lo dicen los que venden cursos o libros o publicidad en sus páginas...

Está claro que si dedicas horas y horas a cualquier cosa, algo mejorarás, pero algunos estamos negados para ciertas habilidades y no sé si tenemos un máximo posible muy limitado. Pienso también en cantar: he dedicado miles de horas a intentarlo con mi guitarra, fui a clases de canto y, así todo, lo hago peor que casi cualquier persona que conozco.

En fin, que la vida es difícil. Y esto son sólo habilidades en las que se supone que hay maestros y métodos: ¿cómo se aprende a amar bien?

lunes, mayo 31, 2021

Un día en el zoo

 Mirar a los animales en el zoo me hace pensar en el sentido de la vida: ahí están, parece que aburridos, todos los días iguales, siendo contemplados por los humanos, pero sin tener hambre, frío o miedo de morir atacados por un depredador. ¿Pueden ser felices? ¿Tiene sentido el concepto de felicidad para un animal? ¿Y para nosotros? ¿Acaso no somos sólo otros animales? Entonces, ¿a nosotros nos bastaría con no tener hambre, frío ni ser devorados?

No, claro. Eso lo necesitamos, pero anhelamos más. “Anhelar”: parece que nunca se para de sentir ese deseo. Los budistas intentando detenerlo, ¿están haciendo un esfuerzo inútil, se están volviendo menos humanos?

Demasiadas preguntas…

domingo, mayo 30, 2021

Normal People (2)

 Llegué al 100% de "Normal People". Mejoró en la segunda parte: se metió más en la psicología de los personajes y, de hecho, me gustó mucho cuando trataba de los problemas mentales. Los conflictos siguieron pareciéndome bastante artificiales, pero tenían algo más de sentido.

Después de leerlo, estuve buscando opiniones por ahí y vi que lo mencionaban como uno de los libros más importantes de lo que va de siglo. Me sorprende, la verdad. Literariamente, me parece bastante pobre.

jueves, mayo 27, 2021

Normal People

Estoy leyendo “Normal People”, en parte porque estoy sin buena conexión a Internet y no puedo jugar al World of Tanks: la literatura, que era mi pasión, se ha convertido en un pasatiempo menor, inferior a los videojuegos.

El libro no me gustó nada al principio. Me dio la sensación de ser adolescente. Además, estaba sintiendo eso que dicen las mujeres que les pasa con muchas novelas escritas por hombres: que no resultan creíbles los personajes del otro sexo. Aquí la autora escribe en tercera persona, pero da la sensación de estar escrita más desde el punto de vista del hombre, y sus pensamientos y sentimientos me resultan de alguna manera poco masculinos.

Sin embargo, siempre he pensado que la verdad es que yo poco puedo saber más que una mujer de cómo sienten los hombres: a fin de cuentas, sólo conozco íntimamente un hombre más que cualquier mujer: yo. No sé lo que piensan en realidad otros hombres y, a esas alturas, ya no sé ni muy bien qué es ser un hombre y una mujer. Somos todos individuos de una especie, cada uno a su manera. No puedo dejar de sentir que hay algo común entre ciertos individuos que comparten ciertas características, pero tampoco lo tengo claro ni sé si eso los hace más parecidos entre sí que a otros ejemplares de otro sexo o género o como se deba llamar eso.

En cualquier caso, no era eso lo único que quería apuntar aquí, las reflexiones que me están surgiendo por este pasatiempo de la lectura que no me sugieren los videojuegos...

Hay un pasaje en la novela en la que la protagonista cuenta su rutina y cómo lee las noticias y luego busca información en Internet sobre, por ejemplo, las distintas facciones del conflicto Sirio. También otras referencias políticas me han hecho pensar en cómo se formó mi ideología o mis inclinaciones políticas. A pesar de lo mucho que leía de adolescente y de joven, soy consciente de tener lagunas que son océanos en mi conocimiento de aspectos básicos de la historia. En parte, tengo tendencia a quedarme con ideas generales, sensaciones, más que a recordar hechos concretos, así que aunque haya leído algún libro de historia, poco se me ha quedado. Probablemente la mayor parte de mis ideas se han formado de manera lateral, a partir de los sentimientos que me produjeron las obras de ficción. Pero, por otra parte, cuando pienso en libros que son fundamentales para mí, porque resonaron en mi alma de alguna manera, como “La sombra del ciprés es alargada”, “La vieja sirena”, “Nubosidad variable”, “Querido Corto Maltés” o “La escala de los mapas”, no veo que tengan casi connotaciones políticas, excepto tal vez la “La vieja sirena”.

Sí, Sampedro ha influido en mi pensamiento político, sobre todo con otros libros, pero, por otra parte, tengo la sensación de que cuando llegué a él yo ya tenía ese sentido desarrollado: a los 20 años ya tenía más o menos las ideas que tengo. No son exactamente las mismas: recuerdo que en mi adolescencia pensaba que la economía planificada tenía que ser necesariamente mejor y ahora, en cambio, tengo bastantes dudas: el mundo me parece mucho más complejo de lo que me parecía entonces.

Otra cosa en la que he pensado: estoy leyendo el libro en el Kindle y creo que todavía no he leído ningún libro en ese soporte que me haya gustado. ¿Será culpa del soporte? Puede ser también que no lea literatura de calidad, simplemente, pero también he leído en el Kindle “La nausea” y un tercio de “Escher, Godel y Bach”, que se supone que son buenos libros, y no me han gustado. Claro, también tendrá que ver con que he empezado a usar el Kindle ahora que casi no leo más que cuando no puedo hacer algo mejor…

En cualquier caso, ahora que estoy al 45% (curioso no saber cuántas páginas tiene el libro pero conocer exactamente el porcentaje leído), estoy enganchado a la historia y quiero saber qué les pasa a los protagonistas. Mi romanticismo Corín Tellado me hace desear que acaben juntos y sean felices y coman perdices. Mi cinismo de lector que no ha perdido la suspensión de la incredulidad (o como se traduzca suspension of disbelief) me hace pensar en la autora y en cuánto de lo descrito se basará en sus propias experiencias y en cuánto en su necesidad de escribir una novela y crear conflictos para enganchar a los lectores. De hecho, eso es algo que siento bastante: me parecen incompresibles sus reacciones y la forma en la que se separan sin que haya una causa razonable. Sé que los seres humanos no somos razonables, pero siento que nuestra forma de ser ilógicos es distinta y lo que veo en la novela me resulta artificioso.

En fin, veremos donde acaba, porque a estas alturas parece que va a ir de maltrato o algo así.

domingo, diciembre 06, 2020

Los placeres perdidos de la lectura

 Hace mucho que no disfruto leyendo. Yo encontraba muchos placeres en los libros: el propio gusto del lenguaje, cuando estaba bien escrito, las nuevas ideas, el conocimiento revelador, la intriga y el amor por unos personajes... Y todos esos placeres los he perdido.

domingo, octubre 25, 2020

La inconcebible complejidad de todo

 A veces veo una película, como ayer con "Los juegos del hambre", y pienso en el proceso de hacerla: me resulta inconcebible la cantidad de personas que han tenido que coordinarse para crear eso. Y es así con muchas cosas: aun siendo Ingeniero en Informática, cuando pienso en la cantidad de hardware y software necesario para que podáis leer esto, no entiendo cómo es posible... Es más: siendo en Ingeniero en Informática, todavía me resulta probablemente más inconcebible que para los que no lo sean: sé bien lo fácil que es cambiar un sólo símbolo en un programa y que nada funcione, sé que un procesador tiene cientos de miles de transistores colocados en un trocito de silicio no ya con precisión milimétrica, sino nanométrica, y que hay cientos de procesadores y millones y millones de líneas de programa necesarias para que este mensaje llegue a otra persona...


Sencillamente, no me cabe en la cabeza lo complejo que es el mundo. Y eso me pasa también con todo esto de la pandemia: la cantidad de gente estudiando el virus desde distintos puntos de vista, la cantidad de gente opinando y tomando decisiones... Cuando leo comentarios de gente que habla como si tuviese las respuestas, especialmente cuando sus respuestas van en contra de las que yo *creo* que se acercan más a la verdad, siento a veces rabia, a veces tristeza... En ocasiones pienso en dejar de leer redes sociales. Probablemente fuese mejor para mi salud mental. Pero luego me entra la duda: ¿es eso esconder la cabeza para no ver la realidad? ¿No es mejor intentar acercase a la verdad aunque sea amarga?

No sé.

domingo, octubre 18, 2020

Mundo pandemia

La Tierra sigue girando, ajena a la pandemia que asola a una de las millones de especies que la habitan. Pero para nosotros, es lo más importante y estamos mareados de cifras y análisis, de remedios y odios.

Nunca he visto tanta división como ahora. Quizás sea efecto de las redes sociales, donde sólo lo exacerbado sobrevive. Quizás somos realmente así de estúpidos y mezquinos.

Ayer lei, en una conversación en reddit, algo así como: "Yo reconozco que no tengo la solución, pero mi opinión es...". No coincidía con mi opinión. Pero esa introducción me ofreció más impresión de solvencia que la de todos los muy seguros de sí mismos y de sus afirmaciones.

Pero es posible que eso sea también malo: escribo poco porque me cuestiono. Tengo un pensamiento, como los de arriba, y luego otro: ¿y si no fuera así? ¿Y si fuese yo el equivocado? ¿No debería callarme?

Por un lado siento que es hibris estar seguro de cualquier cosa; por otro, no veo como avanzar sin tener seguridades y deploro el relativismo con toda la fuerza que mis inseguridades permiten.

Al final, vuelvo a pensar lo mismo: mejor me callo.