Pensamientos que me vienen mientras devoro las magdalenas del desayuno

jueves, mayo 27, 2021

Normal People

Estoy leyendo “Normal People”, en parte porque estoy sin buena conexión a Internet y no puedo jugar al World of Tanks: la literatura, que era mi pasión, se ha convertido en un pasatiempo menor, inferior a los videojuegos.

El libro no me gustó nada al principio. Me dio la sensación de ser adolescente. Además, estaba sintiendo eso que dicen las mujeres que les pasa con muchas novelas escritas por hombres: que no resultan creíbles los personajes del otro sexo. Aquí la autora escribe en tercera persona, pero da la sensación de estar escrita más desde el punto de vista del hombre, y sus pensamientos y sentimientos me resultan de alguna manera poco masculinos.

Sin embargo, siempre he pensado que la verdad es que yo poco puedo saber más que una mujer de cómo sienten los hombres: a fin de cuentas, sólo conozco íntimamente un hombre más que cualquier mujer: yo. No sé lo que piensan en realidad otros hombres y, a esas alturas, ya no sé ni muy bien qué es ser un hombre y una mujer. Somos todos individuos de una especie, cada uno a su manera. No puedo dejar de sentir que hay algo común entre ciertos individuos que comparten ciertas características, pero tampoco lo tengo claro ni sé si eso los hace más parecidos entre sí que a otros ejemplares de otro sexo o género o como se deba llamar eso.

En cualquier caso, no era eso lo único que quería apuntar aquí, las reflexiones que me están surgiendo por este pasatiempo de la lectura que no me sugieren los videojuegos...

Hay un pasaje en la novela en la que la protagonista cuenta su rutina y cómo lee las noticias y luego busca información en Internet sobre, por ejemplo, las distintas facciones del conflicto Sirio. También otras referencias políticas me han hecho pensar en cómo se formó mi ideología o mis inclinaciones políticas. A pesar de lo mucho que leía de adolescente y de joven, soy consciente de tener lagunas que son océanos en mi conocimiento de aspectos básicos de la historia. En parte, tengo tendencia a quedarme con ideas generales, sensaciones, más que a recordar hechos concretos, así que aunque haya leído algún libro de historia, poco se me ha quedado. Probablemente la mayor parte de mis ideas se han formado de manera lateral, a partir de los sentimientos que me produjeron las obras de ficción. Pero, por otra parte, cuando pienso en libros que son fundamentales para mí, porque resonaron en mi alma de alguna manera, como “La sombra del ciprés es alargada”, “La vieja sirena”, “Nubosidad variable”, “Querido Corto Maltés” o “La escala de los mapas”, no veo que tengan casi connotaciones políticas, excepto tal vez la “La vieja sirena”.

Sí, Sampedro ha influido en mi pensamiento político, sobre todo con otros libros, pero, por otra parte, tengo la sensación de que cuando llegué a él yo ya tenía ese sentido desarrollado: a los 20 años ya tenía más o menos las ideas que tengo. No son exactamente las mismas: recuerdo que en mi adolescencia pensaba que la economía planificada tenía que ser necesariamente mejor y ahora, en cambio, tengo bastantes dudas: el mundo me parece mucho más complejo de lo que me parecía entonces.

Otra cosa en la que he pensado: estoy leyendo el libro en el Kindle y creo que todavía no he leído ningún libro en ese soporte que me haya gustado. ¿Será culpa del soporte? Puede ser también que no lea literatura de calidad, simplemente, pero también he leído en el Kindle “La nausea” y un tercio de “Escher, Godel y Bach”, que se supone que son buenos libros, y no me han gustado. Claro, también tendrá que ver con que he empezado a usar el Kindle ahora que casi no leo más que cuando no puedo hacer algo mejor…

En cualquier caso, ahora que estoy al 45% (curioso no saber cuántas páginas tiene el libro pero conocer exactamente el porcentaje leído), estoy enganchado a la historia y quiero saber qué les pasa a los protagonistas. Mi romanticismo Corín Tellado me hace desear que acaben juntos y sean felices y coman perdices. Mi cinismo de lector que no ha perdido la suspensión de la incredulidad (o como se traduzca suspension of disbelief) me hace pensar en la autora y en cuánto de lo descrito se basará en sus propias experiencias y en cuánto en su necesidad de escribir una novela y crear conflictos para enganchar a los lectores. De hecho, eso es algo que siento bastante: me parecen incompresibles sus reacciones y la forma en la que se separan sin que haya una causa razonable. Sé que los seres humanos no somos razonables, pero siento que nuestra forma de ser ilógicos es distinta y lo que veo en la novela me resulta artificioso.

En fin, veremos donde acaba, porque a estas alturas parece que va a ir de maltrato o algo así.

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