Ayer compré tu disco. Cuando en la tienda pregunté: "¿Tenéis el último de Jorge Drexler?", el dependiente me dijo que sólo le quedaba uno, que estaba agotado en la fábrica; me lo decía asombrado, como cuando fui a pedir el de Bebo y el Cigala antes de que se convirtiese en un fenómeno de masas; como si él también se sorprendiese de que en este mundo todavía quede sitio para la música no adocenada, para la belleza... Es una pena que en vez de un viejo fumador y orejudo pero simpático, no sea una simpática jovencita... En fin, ya se sabe que 9 de cada 10 simpáticas jovencitas prefieren a Bisbal (y la otra, a Bustamante).
Has conseguido los mejores textos de todos tus discos. Impresionante "Mi guitarra y vos" o las décimas de la "Milonga del moro judío". Pero hoy quería hablarte de ese maravilloso primer single que has sacado, "Todo se transforma".
Es maravilloso aunque no tienes razón. Dices:
Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.
Me encantaría creer que es verdad y a veces lo creo aun sabiendo que es mentira, porque hace la vida mejor. Pero no es cierto: nada es tan simple.
No, no lo es en ninguno de los dos sentidos que tú le das en esta canción en la que enlazas, como en los "Círculos viciosos" del Chicho Sánchez Ferlosio al que le tomaste el estribillo de la milonga -Sabina mediante, que casualmente hizo famosa esta canción circular en la Mandrágora-, imágenes con imágenes.
El primero de los ámbitos en el que dices que se cumple esta norma es el del amor. Cantas:
[...] supe que de algún lejano
rincón de otra galaxia,
el amor que me darías,
transformado, volvería
un día a darte las gracias.
Sí, es hermoso pensar que recibimos el amor que damos... pero es peligroso creerlo. A mí me lo enseñó José Antonio Marina, en una charla a la que fui con mi primo J. hace algunos años. No nos gustó mucho como conferenciante, pero yo recuerdo una cosa que contó: que en un estudio americano habían descubierto que muchas mujeres divorciadas habrían sufrido más de lo razonable, porque creían que para solucionar sus problemas sólo tenían que dar amor y ese amor les sería devuelto. Pero no, no es así. Dar amor y esperar que vuelva no siempre funciona. Ellas se agotaban dando y dando... hasta que se vaciaban y se rompían.
Yo creo que lo correcto es lo que yo más o menos entiendo que los budistas dicen que es la ley del karma. Sí, cada uno recibe lo que da, pero no de una manera tan directa. Si amas, no es el amor que te devuelven la recompensa, sino el mismo amor que das.
Tampoco crea que se cumpla esa norma en el terreno económico que narras en la segunda estrofa:
El vino que pagué yo,
con aquel euro italiano
que había estado en un vagón
antes de estar en mi mano,
y antes de eso en Torino,
y antes de Torino, en Prato,
donde hicieron mi zapato
sobre el que caería el vino.
Zapato que en unas horas
buscaré bajo tu cama
con las luces de la aurora,
junto a tus sandalias planas
que compraste aquella vez
en Salvador de Bahía,
donde a otro diste el amor
que hoy yo te devolvería.
Aunque es una forma genial rematar esa disquisición económica enlazando de nuevo con el amor, también te equivocas, a pesar de la referencia a Salvador de Bahía y esas sandalias planas que se han puesto de moda, y que creo que es también un guiño a las otras economías que son posibles y que se propugnan desde allí. Pero en la economía tampoco lo que uno da es lo que recibe. Eso creía yo y por eso no me salían las cuentas. Cuando escuchaba a los economistas medir el bienestar de un país por el crecimiento, me preguntaba: ¿Pero qué crece, si no hay más que lo que hay, si todo no es más que materia prima transformada?
Ahí está la clave: nada se destruye, todo se transforma, como dices tú, pero el producto transformado no es igual al original, al contrario de lo que parece indicar tu canción. El hombre crea -o puede crear- a partir de lo que recibe y puede devolver más de lo que le dan. No vale lo mismo un campo yermo después de que un hombre lo transforme en huerto.
Pues eso es lo que quería contarte; eso y darte las gracias por el disco: sigue así.
Un abrazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario